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2017年西语专四阅读理解 II: Periodismo ciudadano de Chile

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Introducción

¿Periodismo ciudadano? Un creciente desafío para la profesión periodística

El fenómeno del periodismo ciudadano tuvo un elocuente protagonismo en Chile cuando, el 27 de febrero de 2010, el país fue impactado por un terremoto grado 8,8 (Onemi, 2010) en la escala de Richter, el quinto más violento en la historia de la humanidad. El movimiento telúrico fue sucedido, veinte minutos más tarde, por un maremoto que casi hizo desaparecer algunas zonas costeras del sur del país. El resultado de la tragedia fue la pérdida de cerca de 500 vidas humanas y más de 30 mil millones de dólares. La electricidad, el agua y las comunicaciones se cortaron de Santiago al sur.

Debido a la escasa información oficial, y al corte de las vías de acceso a los lugares más afectados, los aportes informativos de los ciudadanos adquirieron una creciente importancia. Por un lado, colaboraron con los medios de comunicación tradicionales a través de sus testimonios (llamados telefónicos, mensajes de texto, correos electrónicos, etc.) y, por otro, se convirtieron en creadores de contenidos utilizando las herramientas ofrecidas por la Web 2.0 (Facebook, Twitter y Youtube). Se evidenció así la posibilidad de que en casos de crisis ciertos aspectos del rol de informador social, entendido como quien ejerce la acción de inquirir, recolectar, elaborar y transmitir la imagen procesada de un hecho real comprobable que implique alguna modificación de interés social (Pellegrini, 1989), ya no sea distintivo de los periodistas.

A la importancia de las redes sociales se sumó el repentino valor alcanzado por medios, en su mayoría regionales, con contenidos producidos por personas sin estudios formales en periodismo. Medios autodenominados de periodismo ciudadano pasaron a ser puntos de referencia para los chilenos desprovistos de información3.

Este hecho permite ejemplificar un fenómeno que ha puesto en tela de juicio el valor de la profesión periodística en la sociedad, y ha sugerido que las nuevas formas de participación ciudadana suplirán de a poco su trabajo.

Un equipo de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad Católica de Chile estudió durante tres años esta actividad. El proyecto llamado "Análisis y desarrollo de un método de incorporación del aporte ciudadano al sistema informativo" (Puente, Pellegrini y Saavedra, 2009)4, investigó qué es el periodismo ciudadano, sus características y de qué manera se ha desarrollado en Chile.

El objetivo central de este artículo es reflexionar, a partir de lo que sus actores perciben en Chile, si es posible llamar "periodismo" a este fenómeno, o si es necesario denominarlo de otra manera. Para ello se escogieron dos aristas de trabajo:

Aproximarse a una descripción del perfil de los ciudadanos chilenos que participan sistemáticamente como generadores de contenido en los medios de comunicación ciudadana, a fin de saber quiénes son y cuáles son sus motivaciones para participar.

Explorar cuáles son los modos de trabajo editorial que se desarrollan en los medios que incorporan a los ciudadanos como generadores de contenido, para saber de qué manera su funcionamiento se relaciona con la práctica periodística tradicional.

Conocer las características que definen lo que se ha llamado periodismo ciudadano, tanto desde la teoría como desde la experiencia de quienes lo llevan a cabo en Chile, permitiría establecer cuáles son los límites que sus protagonistas ponen a dicha actividad y su cercanía/lejanía con la práctica periodística.

Debido a que los valores profesionales son múltiples, se optó por seleccionar aquellos que, según la literatura sobre el tema, deberían tener un medio y un colaborador ciudadano para ser considerados periodísticos5. Para ello se elaboró la siguiente definición operacional: se entenderá como periodismo ciudadano o participativo a aquella práctica informativa realizada por ciudadanos no profesionales del periodismo, pero que mantiene las siguientes condicionantes profesionales: a) elemento fáctico: que se refiera a hechos y no a opiniones; b) elemento de equilibrio: que se recurra a diversas fuentes; c) elemento de verificación: que se apliquen filtros para asegurar precisión; d) estilo directo y con intención informativa.

Antecedentes teóricos

El panorama medial de la primera década del siglo XXI tiene al ciudadano como uno de sus protagonistas. En la web, profesionales y no profesionales de la información tienen igual acceso a publicar, sin distinción por parte del público. Además, la Internet ha potenciado la interactividad, el contacto con el autor de los contenidos y la posibilidad de que el usuario intervenga lo ya publicado y comparta con miles de otras personas contenidos propios. Se ha ido revirtiendo una estructura de poder en la que los altos costos de crear un medio ya no son obstáculo para publicar. La idea de que "pocos hablan y muchos solo escuchan" (Moglen, 1997, p. 945; Ballas, 2006, p. 7) se ha cambiado por la premisa de que al darles voz a las personas, Internet les está dando poder (Gillmor, 2003) y potenciando su actuación como ciudadanos informados en una sociedad democrática (NIP, 2006, pp. 212-236; Bowman y Willis, 2003).

En los medios tradicionales esta incorporación de los ciudadanos se ha ido ampliando progresivamente en la medida en que, por un lado, la tecnología lo ha permitido, y por otro, los propios ciudadanos han logrado convertir sus opiniones y datos en contenidos de interés para la agenda informativa. Los espacios clásicos abiertos a los ciudadanos, como las cartas al director y los teléfonos de denuncia6, se han extendido a blogs, comentarios directos y secciones especializadas en contenidos aportados por el público, los que crecientemente han ocupado un lugar mucho más visible que en el pasado.

En paralelo, se han desarrollado espacios creados por un segmento de la población que, alejándose del consumo pasivo de los medios, produce su propia información (no necesariamente "información social") y comparte sus opiniones en el ambiente online (Meso 2005, pp. 4-15; Bowman y Willis, 2003). Este fenómeno denominado hasta ahora como periodismo ciudadano7 asume que la "facilidad de uso de las herramientas web, y la conexión continua de los cada vez más potentes dispositivos móviles" asegura que "la audiencia online tenga los medios para convertirse en una participante activa en la creación y diseminación de noticias e información" (Bowman y Willis, 2003, p. 7).

Una frase publicada en YouTube por el profesor Jay Rosen, especialista en el tema, sintetiza el fenómeno:

It's hilarious to me the way people freak over the term 'citizen journalism'. Call it anything you want. Lots of people want to know what citizen journalism is. Well I'm going to tell you. When the people formerly notice the audience, employ the press tools in their possessions to inform one another. That's citizen journalism. Got it?8

Esta forma de incorporar al no profesional del periodismo ha recibido diversos nombres. Dan Gillmor (2006), en su libro We the Media, la llamó grassroots journalism. El autor considera que "sus lectores siempre saben más" que él, y que su integración en la elaboración del trabajo periodístico sería enriquecedora, pues los datos aportados por los ciudadanos ampliarían la oferta de contenidos que maneja el público, y su participación como lectores ayudaría a los autores de los textos a descubrir errores e imprecisiones y a corregirlos.

Axel Bruns (2006)9 acuñó el término "prosumidor" (produser) para hablar de aquellos lectores que elaboran contenidos y se convierten en creadores -Wiki (OECD, 2007; Briggs, 2007; McCombs et al., 2009, p. 128), blogs, web personales y medios ciudadanos (Warschauer y Grimes, 2007, pp. 1-23) —. Los participantes de estos espacios virtuales se autodenominan de distintas maneras: las más comunes son "periodista ciudadano" (citizen journalist), "reportero ciudadano" (citizen reporter) y "corresponsal ciudadano". Los académicos, principalmente de habla hispana, también han bautizado esta actividad como "periodismo 3.0", entendido como una evolución de la creación de contenidos en y para la red hacia la socialización de la información donde el participante interviene en el mensaje (Varela, 2005)10.

Otra denominación es la de "periodismo democrático", popularizada en el sitio OhmyNews, cuya premisa fundacional era que todo ciudadano podría convertirse en reportero (Kim y Hamilton, 2006, pp. 541-560). Esta iniciativa surgió de Oh Yeon Ho, doctor en Comunicaciones quien, junto a un grupo de ciudadanos coreanos, buscaba defender la democracia en su país, y desarrollar una nueva aproximación al periodismo alejada de los medios de referencia. Oh declaró en 2003 a la revista Wired: "With OhmyNews we wanted to say goodbye to 20th-century journalism where people only saw things through the eyes of the mainstream, conservative media. Our main concept is every citizen can be a reporter. We put everything out there and people judge the truth for themselves"11.

Este medio se convirtió en un ícono de la historia del periodismo ciudadano, tanto que Dan Gillmor (2008) lo considera una experiencia pionera. Partió en 1999 con la idea de que los ciudadanos coreanos se convirtieran en redactores y editores de información. La iniciativa se extendió años después con OhmyNews International, que se planteó como meta tener un alcance global, con historias provenientes de todo el mundo. Además, fue uno de los primeros espacios en percibir la importancia de contar con un apoyo profesional.

Sin embargo, la historia de OhmyNews International (OMNI, 2010), tal y como fue planteado en su origen, llegó a su fin el 1 de agosto de 2010. Ese día se anunció que este medio se terminaba, pues había sido "víctima de su propio éxito". El sitio tenía establecido un sistema de reporteo y publicación en el que los ciudadanos debían cumplir con una serie de requisitos, como inscribir sus datos en la página y someter a una revisión editorial lo que quisieran publicar.

Desde un principio, los administradores de OMNI se dieron cuenta de que era necesario establecer un filtro editorial a sus contenidos. Sin embargo, su alcance mundial convirtió esta tarea en algo descomunal: la falta de un enfoque específico hizo que recibieran historias de todo el mundo, referidas a cualquier tema imaginable, lo que no solo dificultó que estas fueran cubiertas de modo coherente, sino que hizo prácticamente imposible que sus editores comprobaran sus datos. Su declaración de despedida dice: "The broad array and frequency of topics was also intimately tied to our second problem: editing difficulties. With stories coming from places like Afghanistan, Brazil, Zimbabwe and everywhere in-between, it was impossible for our editors to accurately check each story. Factchecking is one of our core principles"12.

Este caso pone en evidencia que las dos palabras del concepto periodismo ciudadano se refieren a dos aristas distintas. Los análisis teóricos, en general, se han enfocado en la experiencia desde la mirada del ciudadano. Sin embargo, permanece como deuda una reflexión más acabada desde la profesión. Las palabras "periodismo" y "ciudadano" se han mencionado como un todo debido a que la tecnología permite a las personas comunes y corrientes generar contenidos de apariencia periodística en medios y espacios que se confunden con los de información social tradicionales. Como dice, Douglas Rushkoff (2010), las personas tienden a creer que lo que ellas pueden publicar en sus blogs o tweets es equivalente a lo que publica un periodista profesional, simplemente por el hecho de hacerlo a través de vías similares. Sin embargo, aquello que define al periodismo no son sus características formales, ni el medio por el que se transmite, sino que son aquellos valores que permiten entregar a las personas la información a la que tienen derecho para "ratificar o modificar su actuar, sentir u opinar" (Pellegrini, 1989, p. 74) con libertad. En palabras de Rushkoff, que un ciudadano se sienta periodista por el solo hecho de publicar, sería como si un adolescente con una guitarra eléctrica en sus manos creyera que está listo para dar un concierto solo por el hecho de haber jugado Guitar Hero (Rushkoff, 2010).

El presente estudio entiende que la creciente incorporación de los ciudadanos realza la posición de las personas en el relato de los grandes procesos o abstracciones. Sin embargo, esto no redundaría en un mayor peso informativo, entendido este como la relevancia y significación social de los hechos que se comunican (Shoemaker y Cohen, 2005; Pellegrini, et al. 2011)13. El factor humano, es decir, la personificación de una noticia a partir de una experiencia individual tampoco implicaría una mayor comprensión de los procesos, ya que en la mayoría de los casos se limita a exponer los eventos consignados por los ciudadanos, sin incluir los antecedentes, las consecuencias y la significación de los hechos descritos. Por tanto, si bien los ciudadanos podrían cumplir algunas funciones informativas, no necesariamente contarían con las herramientas para llevar a cabo la misión periodística de "elaborar [...] una imagen procesada de un hecho real comprobable" (Pellegrini, 1989, p. 74), propia del informador social.

Desarrollo de este fenómeno en Chile

Características generales

Dos características geográficas de Chile permiten entender la forma en que se ha estructurado la participación ciudadana en los medios de comunicación. Primero, es un país que de ancho fluctúa entre los 90 y los 440 kilómetros, pero que de norte a sur abarca alrededor de 4.300 kilómetros, divididos políticamente en 15 regiones. Segundo, se encuentra en la parte más austral de América, rodeado por el Océano Pacífico, la Cordillera de los Andes y la Antártica. Ambas situaciones hacen que sus habitantes se mantengan aislados del resto del continente y que se encuentren divididos entre ellos por las distancias entre una región y otra.

Los grandes medios de comunicación han sido fundados, en su gran mayoría, en la capital, Santiago. Allí se encuentran concentradas las sedes del poder político, económico y social, lo que provoca un enorme centralismo administrativo y una escasa independencia de las regiones. Los medios de comunicación actúan como espejo de dicho centralismo: menos del 15% de las noticias que cubren ocurren en localidades distintas a la Región Metropolitana14.

Sin embargo, de sus 15 millones de habitantes, alrededor de 7 viven en la capital (Instituto Nacional de Estadísticas, 2002). La gran crítica que el resto realiza a los medios de alcance nacional es que no se ven retratados en sus contenidos. Los llamados "medios de referencia nacional" no son "referencia" para las regiones, por lo que las comunidades han desarrollado una enorme cantidad de pequeños medios locales que, muchas veces sin ningún profesional de las comunicaciones a cargo, cubren esta demanda insatisfecha15.

En estos medios locales los ciudadanos tienen un espacio de expresión utilizado para exponer sus opiniones (Godoy, 2000). Los programas de radio y TV en que se realizan denuncias sobre temas que les atañen directamente existen desde su origen. La masificación de Internet, sumada al desarrollo de la Web 2.0, ha modificado el modo en que esta presencia ciudadana se lleva a cabo y podría convertirse en una oportunidad para enfrentar problemas de desigualdad social y conectividad (PNUD, 2066). Hoy un mayor número de esos ciudadanos pueden ser parte del panorama informativo de manera rápida y pueden ser "vistos" por todo Chile gracias a la Red.

Dos regiones, a gran distancia de la capital, fueron cuna de los primeros sitios web autodefinidos explícitamente como de periodismo ciudadano en Latinoamérica. En la comuna de Cañete, en el sur de Chile, se fundó en enero de 2001 Lanalhuenoticias, uno de los pioneros de este fenómeno16. Según su fundador, Alejandro Fica, este surgió de manera espontánea, sin proponerse ser explícitamente un medio de periodismo ciudadano, y adoptó dicho apelativo en un seminario en el que se consideraba a otro medio, El Morrocotudo17, como el primer diario ciudadano del país18.

Fue este último medio el que, sin saberlo, siguió los pasos intuitivos de los cañetinos y, basándose en la experiencia de OhmyNews, los institucionalizó. Así, en 2005 comenzó una iniciativa que buscaba fundar "medios ciudadanos regidos con los cánones editoriales y formales de los ya conocidos medios nacionales y regionales del país"19. El Morrocotudo se fundó en Arica, ciudad ubicada en la frontera norte de Chile, a 2 mil 62 kilómetros de Santiago y separada de la capital por el desierto de Atacama. En los últimos seis años, este medio se ha vuelto la más conocida y consolidada iniciativa chilena asociada a este fenómeno20.

El Morrocotudo21 pertenece a la Red de Diarios Ciudadanos, hoy rebautizada como Mivoz.cl, la única empresa en Chile que se dedica por completo a esta actividad. Esta red ha fundado en los últimos seis años una cadena de 15 medios ubicados en las distintas regiones del país22, en los cuales en conjunto se han inscrito alrededor de diez mil colaboradores. Desde sus inicios la red hizo propia la posibilidad de que los ciudadanos se convirtieran en productores, o más bien en produsers de la información, y enfocó su trabajo en los habitantes de las regiones alejadas de la capital. Ha desarrollado un modelo de trabajo alineado con las características formales de OhmyNews International, potenciando el desempeño de personas que se inscriben en sus sitios para convertirse en colaboradores. Los medios de esta red, si bien mantienen una estructura de funcionamiento común, adoptan la idiosincrasia de cada región para satisfacer las demandas informativas locales.

Al mismo tiempo, han surgido diversos medios que se autodefinen como de periodismo ciudadano, especialmente enfocados a grupos pequeños de población, así como una serie de espacios en los medios de comunicación tradicionales que ofrecen diversos niveles de participación.